¿Qué deberíamos tener en cuenta al diseñar indicadores de género?

Reflexiones sobre (re) aprendizajes en procesos de Teoría del Cambio
septiembre 24, 2018

Durante el proceso de diseño de sistemas de monitoreo, evaluación y aprendizaje (MEL) muchas organizaciones han manifestado la intención de incorporar indicadores que les permitan evaluar y reportar la contribución de una intervención social a la equidad de género.  Sin embargo, al momento de diseñar indicadores con este enfoque, nos hemos encontrado con una serie de errores comunes que suelen crear confusión en esta tarea. En la presente nota, pretendemos desasnar algunos de estos puntos brindando una serie de consejos que pueden ser de utilidad al momento de diseñar indicadores de género.

  1. No todas las intervenciones en las que participan mujeres o niñas contribuyen a disminuir desigualdades de género.

El punto de partida al momento de diseñar indicadores de género, tanto para una evaluación como para el diseño de un sistema MEL, es entender el nivel de alineación del programa con el objetivo de equidad de género.

En esta línea, el Comité de Ayuda al Desarrollo (DAC) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) en su “HANDBOOK ON THE OECD-DAC GENDER EQUALITY POLICY MARKER” presenta una herramienta de utilidad que diferencia los proyectos en 3 categorías, las mismas se obtienen luego de aplicar un sistema de scoring a los programas en base a diferentes criterios:

  • NO DIRIGIDO (puntaje obtenido 0): Proyectos o programas que no tienen como objetivo generar equidad de género.
  • SIGNIFICATIVO (puntaje obtenido 1): Proyectos o programas donde la equidad de género es un objetivo importante y determinado, pero no la principal razón para llevar a cabo esa intervención.
  • IMPORTANTE (puntaje obtenido 2): La equidad de género es el objetivo principal del proyecto o programa y es un elemento fundamental.

Aquí entonces se menciona que, por ejemplo, un programa de educación básica que beneficia niños y niñas pero que no tiene actividades específicas que contribuyan a eliminar barreras de acceso a la educación basadas en el género, será un programa de la categoría “no dirigido”. Mientras que por otro lado, un programa que trabaje con hombres sobre los roles de masculinidad para evitar la violencia de género, será un programa de la categoría “importante”. Esto implica que lo que se debe considerar no es la cantidad de mujeres o niñas que perciben un determinado beneficio, sino en que los objetivos y las intervenciones que realiza un programa estén dirigidas a reducir las inequidades de género.

Si bien el enfoque de género es una mirada transversal que puede ser aplicada a cualquier tipo de intervención, el nivel de profundidad y de importancia que tendrán los indicadores de género será de diferente envergadura si el programa tiene objetivos e incorpora acciones específicas de empoderamiento de la mujer que si el mismo no tiene ningún tipo de objetivo o acción que se proponga a contribuir a la equidad de género.

2.  La desagregación de la información por sexo no es suficiente.

En la nota ¿Cómo incorporar el enfoque de género en las evaluaciones de programas sociales? de nuestro blog, hemos mencionado como elementos fundamentales de la incorporación del enfoque de género en una evaluación, entre otros puntos, la desagregación de la información por sexo y la utilización de indicadores sensibles al género.

Si bien la apertura de los resultados por sexo, nos permite identificar las brechas entre mujeres y hombres, es importante tener en cuenta que esto no es condición suficiente para analizar el grado en que una intervención social ha generado beneficios en las mujeres o promueve el empoderamiento de mujeres. Los indicadores desagregados por sexo no miden por sí mismos los cambios con respecto a la igualdad de género, para ello se requiere incorporar indicadores sensibles al género.  Por ejemplo, reportar que 60 mujeres y 40 hombres participaron de un taller, no puede ser considerado como un resultado de empoderamiento en sí mismo. Sin embargo, si otro indicador muestra que el taller ha contribuido a que las mujeres tengan empleo, realicen un emprendimiento o tomen decisiones al interior del hogar, podría evidenciarse que el programa contribuye a disminuir inequidades de género.

  1. Usar únicamente los indicadores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para medir resultados de las intervenciones específicas.

Los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODS) se han instaurado como una agenda de desarrollo a nivel internacional a la que todas las organizaciones deben reportar su contribución. El objetivo 5 “Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas” supone el cumplimiento de distintos objetivos y metas que se miden con los indicadores asociados.

Sin embargo, estos indicadores están diseñados para ser aplicados en una escala macro y por ello en muchos casos, no pueden ser utilizados de forma directa para medir los resultados de una intervención de una organización específica. Para ello se sugiere diseñar indicadores específicos de la intervención y luego asociarlos a los indicadores de los ODS, de esta forma se podrá analizar y reportar los resultados específicos de las acciones realizadas en el marco del programa y, al mismo tiempo, saber en qué medida se está contribuyendo a la agenda internacional de género.

  1. Diseñar únicamente indicadores de producto para medir los resultados de una intervención social.

Simplificando mucho la explicación, los indicadores de producto son los que encargan de medir “lo que un programa hace” y los de resultado (intermedios o finales) evalúan “lo que se logró” en relación con la intervención.

Los indicadores de resultado son los que nos permitirán conocer en qué nivel las intervenciones han reducido las inequidades de género. Por ejemplo, en dos diferentes intervenciones dirigidas a mujeres, si tenemos indicadores como: cantidad de mujeres capacitadas en talleres de construcción, o cantidad de créditos otorgados a mujeres (ambos indicadores de producto), podremos conocer la cobertura de nuestra intervención. Sin embargo, no podremos saber si en base a eso las mujeres han podido conseguir empleo, desarrollar un emprendimiento o mejorar su calidad de vida. Para tener información respecto de estos cambios, es necesario incluir indicadores de resultado y diseñar instrumentos de medición para recolectar dicha información. Como suele ser mucho más sencillo medir los indicadores de producto, en el momento del diseño de indicadores es muy común que sean los primeros indicadores que formen parte de la lista, pero es necesario llegar a otro nivel de profundidad para conocer si realmente se está generando un cambio en términos de inequidades de género.

  1. Perder el foco en la inequidad de género.

Aunque parezca redundante con todo lo que hablamos previamente, no hay que olvidar que el objetivo de estos indicadores es medir las brechas de género. Por lo tanto, es muy importante que los indicadores nos ayuden no sólo a medir la magnitud de esas brechas sino que también nos permitan explicarlas. Aquí, algunos consejos para profundizar en esta línea:

  • Incluir indicadores cuantitativos y cualitativos: los indicadores cuantitativos pueden no ser suficientes para medir determinadas variaciones o explicar las razones por las que ocurre un resultado. Por ejemplo: cuantitativamente podemos medir la empleabilidad de una organización por sexo, pero si queremos evaluar si las condiciones de ese empleo son diferentes para hombres y mujeres, la utilización de indicadores cuantitativos será insuficiente. Podemos comparar las remuneraciones, o la relación de hombres y mujeres en puestos gerenciales, pero esto no explica las diferencias en las relaciones de poder y el nivel de toma de decisiones, ni tampoco nos brinda información respecto de las razones por las que pueden existir barreras en el ingreso de mujeres en esa organización. Para ello necesitaremos indicadores cualitativos.
  • Realizar una línea de base desagregada por sexo: la recolección de datos de una línea de base desagregada por sexo es fundamental para analizar los efectos netos de una intervención. Supongamos un programa de apoyo a emprendimientos liderados por mujeres. La organización que ejecuta el programa puede medir al final de la intervención la cantidad de emprendimientos liderados por hombres y mujeres y decepcionarse al ver que el nivel de emprendimientos liderados por hombres sigue siendo muy superior a los liderados por mujeres. Sin embargo, la comparación con la línea de base podría dar como resultado que la cantidad de emprendimientos liderados por mujeres aumentó en un 30% mientras que la de los emprendimientos liderados por hombres se mantuvo constante.
  • Reconocer que las necesidades de mujeres y hombres son diferentes: se supone que cualquier intervención social debería tener la intención de satisfacer necesidades. Pero las necesidades y problemáticas de hombres y mujeres son diferentes, por lo que los indicadores deberían ser útiles para medir los cambios en las condiciones de vida de ambos géneros. Por ejemplo, las mujeres pueden correr diferentes riesgos por transitar solas en un barrio, probablemente los hombres no padecen esta problemática. En un programa que se dedica a mejorar las condiciones de hábitat de las personas de ese barrio, será fundamental que estos aspectos sean tenidos en cuenta al momento del diseño de las intervenciones y al momento de medir los resultados de las mismas.
  • Utilizar indicadores de carácter absoluto y relativo: estos tipos de indicadores son complementarios. Al momento de evaluar brechas de género los indicadores de carácter relativo pueden ser más potentes para exponer las inequidades. Asimismo, analizar las diferencias intrasexo nos puede ayudar a identificar brechas que no serían visualizadas de otra manera. Por ejemplo: en un programa que otorga beneficios a una comunidad específica, podría obtenerse como resultado que la proporción de mujeres beneficiadas es superior a la de los hombres. Sin embargo, esto no muestra que esa comunidad cuenta con una proporción superior de mujeres que de hombres. Al hacer el análisis de las diferencias intrasexo nos encontramos que el programa benefició a un 70% de las mujeres, mientras que le dió beneficio a un 90% de los hombres. Entonces, en términos relativos, este programa no es equitativo.

En suma, la tarea de diseñar indicadores de género de un programa puede dificultarse si algunos de los aspectos mencionados previamente no son tenidos en consideración. En ocasiones puede ocurrir también que estos errores no sean identificados en el momento del diseño, pero cuando se obtienen los resultados de la evaluación o del monitoreo de un programa, nos damos cuenta de que la información recabada no es suficiente para explicar los resultados en términos de equidad de género. El problema es que ese momento, quizás puede ser demasiado tarde, ya que una línea de base mal tomada o un trabajo de recolección de información de campo que no tenga la profundidad necesaria, será una oportunidad desaprovechada para aprender y mejorar un programa social. Es por ello que sugerimos dedicar tiempo y esfuerzo a la correcta definición de los indicadores desde su diseño, y evitar correr estos riesgos.

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