La Responsabilidad Social Corporativa y la Cooperación para el Desarrollo

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La Responsabilidad Social Corporativa y la Cooperación para el Desarrollo

Existe una gran similitud entre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID). Rafael Dominguez Martin afirma que la RSC es a las empresas lo que la CID es a los gobiernos.

El concepto de RSC nace en la década del 50´ con pensadores como Howard Bowen y Peter Drucker que apelaban a la responsabilidad social de las corporaciones para devolver a la sociedad parte de lo que ella les había facilitado. Este precepto es considerado una obligación moral vinculada a la ética cristiana del bien común.

Durante los años de la Guerra Fría se fortaleció esta postura dado que la misma buscaba mitigar la extrema pobreza en los países subdesarrollados, para evitar posibles revoluciones comunistas.  En consecuencia, como define Rodriguez Martin, la empresa se redefinió como “una institución social basada en las relaciones de confianza a largo plazo entre las personas, cuya razón de existir era servir a los clientes y donde el beneficio sólo resultaba un medio para este fin que es el que asegura la sostenibilidad de la empresa”.

La CID, por su parte, surgió  en 1949 a causa del Programa de los Cuatro Puntos del presidente estadounidense Truman. El mismo buscaba  “la mejora y el crecimiento en las áreas subdesarrolladas”. Tal iniciativa fue enmarcada en el pensamiento católico, dado que el Consejo Mundial de las Iglesias intentaba destinar las donaciones de las parroquias de los países ricos a los países pobres atendiendo a los principios cristianos de caridad y solidaridad.

A fines de los 60´, el flujo de donaciones obtuvo el apoyo de la ONU al expresar su Asamblea General que la meta era lograr lo más pronto posible que el 1% de los ingresos nacionales de los países económicamente desarrollados sean destinados a dicho fin.

Tanto el crecimiento de la RSC como de la CID se dan en un contexto de desarrollo de la teoría internacional de la Interdependencia Compleja. La misma afirma que los estados no son los únicos actores en las relaciones internacionales y que a través de la cooperación internacional buscan maximizar su seguridad.

En cuanto a su funcionamiento tanto la CID y la RSC enfrentan grandes desafíos. No solo les es muy difícil probar que su ayuda al desarrollo es efectiva, sino que  por su caracter de autoregulación,  son muy vulnerables a  fallas del mercado.

CONCLUSIÓN

Tanto la CID como la RSC convergen en varios puntos.  Por un lado ambas parten de influencias doctrinales similares y buscan el desarrollo humano y sostenible. Por otro, la falta de eficacia de la CID y de eficiencia de la RSC  en los últimos años ha llevado a que busquen las ventajas comparativas de las empresas y el sector público.

Por último, para lograr un desarrollo sostenible es necesario que la RSC y la CID se complementen para  fomentar la inversión social estratégica en lugar de las donaciones caritativas. Para ello la CID debe ayudar a implementar las reformas necesarias del marco regulatorio para permitir que las empresas puedan desarrollar su área de RSC. Por su parte,  estas últimas deben ofrecer una colaboración estratégica para lograr un desarrollo sostenible.

Para leer el artículo original de Rafael Dominguez Martín, ver La Responsabilidad Social Corporativa y la Cooperación Internacional para el Desarrollo: caminos convergentes (ARI)

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