Inversión de impacto en América Latina: una oportunidad y muchos desafíos

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América Latina: contexto, casos y aprendizajes.

En una entrada anterior de este blog analizamos esta novedosa forma de considerar en conjunto los resultados financieros con los sociales y ambientales, a la hora de decidir las mejores oportunidades de inversión en empresas con propósito. Este nuevo paradigma en la forma de hacer negocios permite apalancar recursos para un conjunto de iniciativas que promueven acciones de gran importancia, por ejemplo la mejora en la salud de personas de bajos recursos, la recuperación y desarrollo de áreas forestales o la equidad de género en ambientes laborales.

Actualmente, la inversión de impacto atraviesa un proceso de expansión a nivel mundial. Según el último reporte anual de Global Impact Investing Network (GIIN), los fondos de impacto administran USD 114.000 millones en activos de triple impacto.  Como se observa en el gráfico, aproximadamente la mitad de estos fondos se destina a economías en desarrollo y en particular, América Latina es la cuarta región en importancia: a este mercado se destina el 9% de las inversiones totales.  Esto marca la gran proporción que representa la región comparativamente y a la vez expone su gran potencial de crecimiento:

El desarrollo de estas iniciativas en América Latina ha sido muy importante en los últimos años. ZIGLA viene trabajando en este ecosistema desde el año 2008, cuando la identificación y sistematización de casos de negocios sociales era un desafío en sí mismo. Hoy los países que presentan un ecosistema de impacto con un mayor nivel de maduración en la región son Brasil, México, Colombia y Perú.

Pero también existen ejemplos de éxito en otras economías en crecimiento como Argentina y Paraguay, para quienes nos ha tocado trabajar en conjunto con FOMIN. Este organismo impulsa un portafolio de programas que apuntan a fortalecer el ecosistema de triple impacto en la región, mediante el apoyo económico, técnico y metodológico de empresas innovadoras.

Un primer caso a destacar de este trabajo conjunto es el de Njambre, un holding de impacto argentino. Sus empresas promueven objetivos sociales y ambientales diversos: ingreso laboral al mercado IT de jóvenes vulnerables (Arbusta), acceso a servicios de salud para personas de bajos recursos (Umana), capacitación en metodologías de impacto para emprendedores y empresas (Njambre Labs) y la regeneración de ecosistemas para promover trabajo local y productos industriales (Mamagrande-Nuba). ZIGLA y Njambre han realizado un trabajo conjunto para el desarrollo de un sistema de M&E que permita tanto el seguimiento de sus empresas particulares como así también del holding en forma agregada.

Otro caso relevante es KOGA, empresa B paraguaya cuyo principal objetivo es impulsar la creación y aceleración de proyectos que sean capaces de generar un cambio en la comunidad. ZIGLA tiene a cargo la co-creación de su sistema de medición y evaluación de sus cinco unidades productivas, para dar cuenta de sus avances y sinergias positivas en su trabajo de apoyo a iniciativas con propósito en Paraguay (PO Paraguay).

El proceso de desarrollo de sistemas de M&E que se adapten a las necesidades particulares de estas dos organizaciones nos ha permitido identificar algunos hallazgos sobre la medición de indicadores sociales y ambientales:

  • Existe una demanda creciente en la región de sistemas de medición que permitan a estas empresas innovadoras dar cuenta de sus propósitos y avances a los inversores que se encuentran interesados en brindarles apoyo financiero.
  • Sin embargo, no es posible aplicar un mismo marco estandarizado de medición de impacto a empresas de distintos sectores y con distintos ámbitos de acción. En particular el sistema aplicado a un holding de impacto (Njambre) de empresas de distintos sectores (salud, servicios IT, consultoría) no puede ser el mismo que el utilizado por una aceleradora de emprendimientos innovadores (KOGA). Por lo tanto, será clave definir estos marcos de medición (indicadores + instrumentos + procesos) con una mirada sectorial, que permita un seguimiento adecuado de sus acciones y brinde transparencia a sus stakeholders e inversores.
  • Por su parte, los actuales métodos de medición transversales que tienen por objetivo la estandarización, terminan perdiendo precisión en términos de metodologías e instrumentos de recolección, definición taxativa de indicadores y procesos de implementación.
  • En conclusión resulta importante pasar de los actuales indicadores estandarizados de prácticas sociales y ambientales hacia sistemas de medición sectoriales que permitan medir resultados alcanzados de triple impacto.

Perspectiva y desafíos

Estos avances en la cantidad de fondos asignados a iniciativas de impacto permiten augurar un futuro en el que ya no sea necesario realizar una distinción entre inversión tradicional y de impacto, dado que todos los inversores tenderían a considerar el conjunto de resultados e impacto de las empresas al momento de invertir. Esto es una gran oportunidad no sólo para los emprendimientos con propósito social y ambiental, sino para toda la economía en su conjunto.

Sin embargo, para que esto suceda surge como condición necesaria la existencia de herramientas sólidas de análisis de inversión, que permitan que este proceso de reconversión financiera se realice de la mejor manera. En consecuencia uno de los puntos clave a la hora de tomar decisiones consiste en contar con metodologías de seguimiento y reporte de los indicadores de las empresas sociales apoyadas, que permita a los fondos inversores de impacto la identificación de iniciativas atractivas en base a criterios rigurosos y comparables. Si bien existe un amplio consenso sobre las métricas a considerar para el seguimiento de los resultados económicos y financieros, las metodologías utilizadas para la medición de las dimensiones social y ambiental son aún incipientes.

En la actualidad los inversores de impacto utilizan diferentes estándares internacionales para la selección y monitoreo de las iniciativas de su portafolio: metodología IRIS de GIIN, los estándares de Sistema B, Metas de Desarrollo Sustentable, Principios de Inversión Responsable, entre otros. Estos estándares son en mayor medida sólo descriptores de las acciones que realizan las empresas y el alcance de sus iniciativas, y en algunos casos no permiten dar cuenta de los resultados efectivamente alcanzados en términos sociales y ambientales.

Una mención aparte debe hacerse para los factores ESG, dado que permiten adicionar factores sociales, ambientales y de gobernanza al momento de tomar decisiones de inversión. No obstante esta mejor aproximación metodológica, en el sector persiste el apoyo a empresas basado en  factores únicamente financieros o en base a narrativas de cambio social o ambiental innovadoras.

En este sentido resulta elocuente el informe de GIIN que recopila encuestas sobre metodología de medición entre los principales inversores del sector. Este documento revela que cuatro (4) de cada diez (10) jugadores clave a nivel internacional elabora indicadores a medida para cada inversión particular tanto para el seguimiento como para la asignación de sus recursos. Únicamente un 24% de estos inversores afirma que utiliza las mismas métricas estandarizadas para todas las inversiones de su portafolio, mientras que el 39% restante utiliza estrategias mixtas de estándares internacionales y métricas particulares.

Este desafío de mejora metodológica es el mismo que promovemos desde ZIGLA desde hace más de 10 años, mediante el trabajo conjunto con empresas, fundaciones y gobiernos de América Latina y el Caribe para la mejora de sus sistemas de medición y reporte. Estamos convencidos de la importancia de incrementar la rigurosidad metodológica para que las empresas con propósito y triple impacto puedan superar el reporting meramente descriptivo de su desempeño, comúnmente expresado en prácticas o políticas de la organización a nivel ambiental y social; y evolucionar hacia una cultura de la medición y reporte de aquello que logra, expresado en productos y resultados.

En la misma línea, una de las conclusiones  principales del último encuentro del GDFE (Grupo de Fundaciones y Empresas) fue la situación particular del estado del arte en la metodología de medición de impacto para inversores de impacto. Este evento al que asistió ZIGLA, reunió en septiembre de 2017 a las principales empresas, inversores internacionales, especialistas del sector y fundaciones internacionales, para reflexionar sobre los avances y desafíos del sector. En la misma se enfatizó la necesidad de avanzar hacia métricas internacionales comunes que permitan incrementar el nivel de rendición de cuentas de las empresas sociales de Argentina y Latinoamérica, promoviendo un mayor flujo de inversiones a la región.

En este sentido, consideramos que los avances y estándares desarrollados por el sector financiero son un parámetro necesario pero no suficiente para lograr un desarrollo sostenido del sector de inversión de impacto en Latinoamérica, dado que existen posibilidades de alcanzar un marco que vaya más allá de lo declarativo (descripción de prácticas) y pueda definir una medición fidedigna de la creación de valor social y ambiental a partir estos negocios (resultados). El  desafío está planteado. Nos proponemos volver con un nuevo post haciendo foco en los requerimientos metodológicos que debería poseer un sistema con estas características.

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