Inclusión financiera: clave para el desarrollo de microempresas y pequeños emprendimientos

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agosto 6, 2018

Inclusión financiera: clave para el desarrollo de microempresas y pequeños emprendimientos

Alrededor del mundo existen millones de microempresas y emprendedores/as de bajos ingresos en zonas vulnerables que día a día enfrentan situaciones adversas para el desarrollo de sus negocios. Tiendas y pequeños comercios, peluquerías, revendedores/as puerta a puerta, vendedores/as de comida en puestos callejeros, talleres mecánicos, artesanos/as, entre otros, sufren distintas restricciones y barreras que les impiden desarrollar todo el potencial de sus negocios.

La falta de planeación estratégica, la dependencia de ahorros personales o familiares, la informalidad, el aumento de la competencia, altos alquileres, las responsabilidades domésticas (fundamentalmente en el caso de las mujeres) son algunas de las características que comparten este tipo de empresas o emprendimientos. Éstas pueden verse en mayor o menor grado dependiendo del negocio particular y de la zona geográfica de que se trate. Otra característica (no menor) que suelen compartir es el bajo nivel de inclusión financiera.

¿Qué es la inclusión financiera?

Se entiende por inclusión financiera al acceso universal y continuo de personas y empresas a productos y servicios financieros diversificados, adecuados y formales.

Existen muchas barreras que las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) y emprendedores/as de bajos ingresos deben enfrentar para acceder a los servicios financieros tradicionales. Entre éstas se encuentran las altas tasas de interés y/o comisiones bancarias, en algunos casos grandes distancias hasta el punto de servicio, inadecuación de los servicios a sus necesidades o la falta de comprensión e información sobre los productos y servicios existentes.

Según el Banco Mundial, en los países emergentes más de 200 millones de MIPYMES, formales e informales, carecen del “financiamiento adecuado para prosperar y crecer”. A su vez, aproximadamente 2.500 millones de personas no utilizan servicios financieros formales en el mundo (60% de los habitantes de países en desarrollo y sólo 11% de los desarrollados).

Estudios como el Microscopio Global[1], reflejan los esfuerzos (en algunos casos incipientes y en otros, de más larga trayectoria) que están realizando los países sobre el entorno regulatorio e institucional para la inclusión financiera. El ranking del Microscopio Global incluye 55 países, de los cuales Colombia y Perú ocupan los primeros lugares. Esto se debe fundamentalmente a mayor coordinación entre las entidades gubernamentales y actores privados, además de regulación financiera prudente, reglas claras para la captación de ahorros, acceso cada vez más generalizado y un largo historial en microcréditos.

¿Cómo generar una mayor inclusión financiera?

Dados los bajos niveles observados en los países en vías de desarrollo, es crucial desarrollar entornos regulatorios y financieros adecuados a cada realidad socioeconómica, que contemplen aspectos fundamentales para una mayor inclusión financiera. La diversidad de los productos y servicios ofrecidos es uno de ellos; en muchos casos se confunde inclusión financiera con acceso formal al crédito. Si bien este último es una parte esencial, el concepto de inclusión es mucho más amplio y abarcador, e incluye una gama completa de servicios como ahorro, seguro, y pagos y transferencias. Las necesidades de los/as consumidores/as deben ser uno de los ejes centrales. El caso de Clip en México es un ejemplo de servicio alternativo, ya que se trata de una iniciativa centrada en permitir a emprendedores/as recibir medios de pagos diferentes al dinero en efectivo, a través de una tablet o smartphone.

El surgimiento de nuevos oferentes es otra de las claves, y se debe aspirar a incluir a un rango más amplio de proveedores, que no sólo abarque instituciones financieras, sino que incluya también organizaciones del sector social, privado y gubernamental. Las cajas municipales de ahorro y crédito de Perú son ejemplos de actores que actúan de manera diferente a los bancos comunes (tanto privados como públicos). Se trata de instituciones microfinancieras que ofrecen préstamos a MIPYMES, cuentas de ahorro, seguros, entre otros servicios. Pertenecen a gobiernos municipales, pero su gerencia está determinada por una junta conformada por diversos actores, entre los cuales se incluye la sociedad civil.

De la mano de nuevos y más diversos oferentes, es necesario ampliar el alcance del público objetivo de estos servicios, lo que incluye a las personas de bajos ingresos, personas con trabajos informales, MIPYMES informales, habitantes de zonas rurales y otros grupos que comúnmente son objeto de discriminación (mujeres, minorías étnicas y personas que tienen alguna incapacidad). Existen numerosos casos de organizaciones que ya ofrecen sus servicios exclusivamente a estos públicos más desfavorecidos. Un ejemplo es la ONG brasileña Acreditar, que combina la concesión de microcrédito con educación financiera y orientación a emprendedores/as, fundamentalmente mujeres, en negocios relacionados con alimentación, salud, belleza o agricultura. En el año 2016, en ZIGLA elaboramos el sistema de monitoreo y evaluación de la organización, y actualmente continuamos brindándole apoyo en el diseño y seguimiento de indicadores.

Las formas en que se ofrecen los servicios financieros también debe ser cada vez más diversas: la industria financiera debe aprovechar las nuevas tecnologías y, de la mano de emprendedores/as o compañías fintech, complementar los servicios tradicionales. Los nuevos canales permiten, entre otras cosas, menores costos de transacción y nuevas técnicas y fuentes de información para evaluar el riesgo crediticio (para ampliar el acceso a financiamiento), o bien pagos mediante dispositivos móviles en zonas remotas. Plataformas como Lenddo utilizan información no tradicional (por ejemplo Facebook, Linkedin, Google, Yahoo o Twitter) para calcular scoring crediticio de personas que probablemente serían excluidas del sistema financiero tradicional. En Perú, por ejemplo, se desarrolló la billetera móvil BIM, que permite enviar, recibir y retirar dinero y hasta pagar servicios desde cualquier teléfono celular, incluso sin necesidad de utilizar internet.

Además, es necesario generar en los/as consumidores/as una adecuada educación financiera, que no se debe limitar sólo a suministrar información y asesoramiento financiero, sino que los/las usuarios/as mejoren su entendimiento de los productos y servicios, así como de los riesgos y oportunidades que estos implican. Emprendedores/as informados/as y “financieramente educados/as” a la larga son mejores clientes, se endeudan menos y de manera más responsable, y conocen qué productos o servicios son los más adecuados para su situación. Alrededor del mundo existen múltiples actores (gobiernos, bancos y otras organizaciones) que llevan a cabo iniciativas de educación financiera. La Red Internacional de Educación Financiera de la OCDE (INFE), por ejemplo, provee acceso a información, programas, recursos, investigaciones y noticias sobre aspectos relacionados con la educación financiera a nivel mundial.

Planteados los aspectos del entorno financiero y regulatorio que favorecen una mayor inclusión financiera, el reto de gobiernos, instituciones financieras, compañías de telecomunicaciones, empresas fintech y tecnológicas en general, entre otras, es trabajar de manera estratégica y articulada, teniendo en primer lugar de importancia las necesidades del público objetivo. Si se continúa y profundiza este camino, pequeños/as emprendedores/as y micro empresas tendrán más herramientas para poder alcanzar su potencial.

[1] El Microscopio Global es una publicación de The Economist con apoyo de FOMIN y otras organizaciones.

Fuente Imagen: Banco Mundial http://www.bancomundial.org/es/topic/financialinclusion/overview

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