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Deshagámonos de los premios

Por: Kevin Starr, Director Fundación Mulago

Fuente: “Dump the prizes”, Stanford Social Innovation Review

ImageMe encontraba el otro día frente a mi escritorio, escribiendo una carta de recomendación para algún premio, y me sorprendí pensando: “¿Por qué diablos estoy haciendo esto?” Por lo general me toma un par de horas escribir sobre algo por lo cual sentirme satisfecho… ¿Y para qué? La mayor parte de los concursantes no gana nada, e incluso si efectivamente ganan algo, por lo general se trata, lamentablemente, de pequeñas sumas de dinero y/o el supuesto dudoso que la consiguiente publicidad conducirá a cosas más grandes.

Tras años de participar en estas cosas, he concluido que esto genera más daños que beneficios. Y por “estas cosas” me refiero a toda la industria de concursos, de desafíos y de premiaciones. Sí, esto agrupa aspectos demasiado dispares; sí, existen excepciones para todo lo que aquí menciono; y sí, merece una discusión más matizada. Eso es todo verdad, pero en lo global, pienso que podríamos deshacernos de todo y no extrañar nada de ello. He aquí el por qué:

1. Genera una enorme pérdida de tiempo.

La Fundación Knight publicó recientemente un reflexivo y bien publicitado informe sobre su experiencia en el manejo de cerca de una docena de concursos abiertos. Se trata de concursos bien administrados, pero el informe señala que de un total de 25.000 inscritos, sólo 400 resultaron ganadores. Eso significa que hubo un total 24.600 perdedores.

Supongamos que, en promedio, los participantes dedicaron 10 horas en completar su inscripción. Eso significa 246.000 horas perdidas o 120 personas trabajando full-time durante todo un año. Sin embargo, otros concursos generaron aún peores resultados.

He hablado con líderes de destacadas organizaciones que han gastado más de 40 horas en ingresar inscripciones para este tipo de cosas, y demasiado a menudo se dan cuenta tarde de que los criterios de elegibilidad eran engañosos o confusos. Se trata de las últimas personas cuyo tiempo desearíamos malgastar.

Y es muy desgastante. Para las organizaciones del sector social, el dinero es el oxígeno que necesitan para sobrevivir, por lo que los líderes deben focalizarse en perseguir estos premios, al igual que lo hacen con otras fuentes más sensibles de financiamiento. Algunos en la industria justifican esto como un proceso de aprendizaje útil. Pero no lo es. Pocas competiciones (con algunas excepciones notables) proporcionan un feedback aún más rudimentario. Muchos de estos concursos y premios demuestran que el foco se encuentra puesto más en los donantes que los beneficiados.

2. Se pone demasiado énfasis en la innovación y no lo suficiente en la aplicación.

Las ideas son fáciles, la implementación es la difícil. Demasiadas competiciones sólo se enfocan en la generación de ideas y en la innovación. La novedad es atractiva, pero existe un inmenso limbo poblado de exitosos pilotos y probadas innovaciones que no han llegado a ninguna parte.

No quiero financiar nada que no tenga a alguien lo suficientemente capaz para ejecutar dicha idea y lo suficientemente comprometido para que ésta funcione en el largo plazo. Los grandes emprendedores sociales son personas con ideas de alto impacto, con las agallas para ponerlas en marcha y con el compromiso de llegar hasta el final. Son escasos y no necesitan participar en un concurso para conseguir lo que desean.

El actual entusiasmo por la innovación mediante el Crowdsourcing refleja esta falacia que plantea que las ideas son un bien escaso. He visto a muchos profesionales capacitados luchando por encontrar apoyo para implementar ideas realizables e incluso probadas, y resulta irritante ver todo el alboroto que se genera en torno a ideas bien intencionadas que se encuentran condenadas al fracaso.

La mayoría de las ideas generadas mediante la anteriormente mencionada vía resultan inviables, pero incluso si emergen algunas buenas, no existen “hadas de la implementación”, ni ejércitos de emprendedores sociales dispuestos a ejecutar ideas que no les pertenecen. Mucho de lo que capta la atención de los medios de comunicación y que genera sensibilización en los públicos apenas se eleva por encima del nivel de prueba, si lo juzgamos por su potencial para impulsar un impacto real.

3. Se vuelve demasiado malo y muy poco correcto.

El Premio Humanitario Hilton es un concurso en el cual sólo una afortunada organización se lleva un único premio que consiste en 1,5 millones de Dólares cada año. Con un galardón como este, todos se sienten forzados a participar y no les podría explicar cuánto tiempo he perdido redactando infructuosas recomendaciones. Personas muy capacitadas de la fundación gastan gran cantidad de tiempo investigando a los candidatos y no puedo entender por qué. La lista de ganadores en los últimos diez años, incluye un montón organizaciones muy conocidas: BRAC, Partners In Health (PIH), Tostan, PATH, Aravind y Médicos Sin Fronteras, entre otros. Quiero decir… ¡Vamos! Usted podría sacar estos nombre de un sombrero. BRAC, por ejemplo, es una organización que todos debiéramos venerar e imitar, pero su presupuesto en 2012 alcanzó los 449 millones de Dólares, e incluso ganó un trillón de premios. Si pudiéramos darle aunque sea la tercera parte del Premio Hilton a alguna nueva organización, generaríamos cambios notables.

En muchos casos, los concursos son del tipo “muy pocos se llevan todo” y muchos se centran en los mismos de siempre. En todo caso, la noción de que un jurado de selección inteligente puede de alguna forma discernir cuál es el mejor de entre una docena de organizaciones estelares, resulta un poco tonto. Demasiados jurados están compuestos por personas poco calificadas y los veredictos en dichas condiciones pueden resultar tan caprichosos como los de un juicio por asesinato de una celebridad en Los Ángeles. También existe un efecto contagioso evidente: entre más premios recibes, más premios consigues.

Pese a que efectivamente los jurados tienen sus debilidades, son exponencialmente mejores que los basados en votaciones del público a través de Internet, sistema que actualmente se encuentra en boga. Es como si le pidiéramos a los pasajeros de un 747 que votaran sobre cómo aterrizar el avión, lo que ha llevado a algunos destacablemente tontos resultados.

4. Sirve como una distracción del gran problema del sector social.

El problema central con el sector social es que no funciona como un mercado real para el impacto, un mercado donde financiadores inteligentes canalizan la vasta mayoría de los recursos hacia aquellos mejor capacitados para generar cambios. Las Concursos constituyen un show secundario disfrazado para lo que ocurre en el escenario principal, una cortina de humo que oculta la falta de asignación eficiente de filantropía e inversión de capital. Necesitamos una competencia real para generar impacto en las organizaciones del sector social, no esta versión falsa que provoca que la interferencia sea aún peor.

Muchas personas argumentan que las competencias de innovación, los desafíos y Premios X constituyen parte vital de ese mercado y que impulsan importantes avances que no ocurrirían de no estar presentes dichos factores. Lo dudo. No existe evidencia real que pruebe que este argumento sea cierto y sospecho que no hacen más que acelerar un poco las cosas. Los innovadores que conozco lo hacen para resolver problemas, no para ganar premios.

El único análisis en profundidad de concursos de impacto social que he visto fue el informe McKinsey de 2009, que comenzó con la perspectiva “los concursos son maravillosos” y continuó así a lo largo de sus 100 páginas, sin siquiera una pizca de escepticismo. Al igual que muchas discusiones sobre premios, se confunde la anécdota con la evidencia y la correlación con causalidad. Necesitamos un estudio real. Más aún, necesitamos un mercado real para el impacto. Puede existir un papel para los concursos en el mismo, pero éstos no manejan Silicon Valley, sino que son los inversionistas y empresarios que juegan en un mercado en funcionamiento.

Existen un par de excepciones en el mundo de los premios/competiciones que ilustran, por el contrario, lo que está mal en la mayoría de ellos. La primera es la “gran inversión disfrazada como premio”, algo que demuestra el Premio Skoll, dirigido a los emprendedores sociales de alto impacto. Me gusta la gente de Skoll, porque entre otras cosas:

  1. Te dan 1,25 millones de Dólares.
  2. Eligen múltiples ganadores anualmente.

  3. Los ganadores tienen un historial claro, pero la mayoría de ellos se encuentran en un punto en el que la subvención podría permitirles alcanzar el siguiente nivel en tamaño e impacto.

  4. No involucra un proceso de postulación: Skoll desarrolla esta tarea con alta calidad.

  5. Le dan seguimiento al financiamiento para varios premiados.

  6. Trabajan duro para conectar a los galardonados entre ellos y con otros financiadores.

  7. ¡Te dan 1,25 millones de Dólares!

Otra excepción son las “competiciones por Plan de Negocios”. Todos necesitan uno de todos modos, y necesitan saber cómo desarrollarlos. En este tipo de competencias, los equipos se ponen de pie y hacen frente a un público conocedor del algunas veces poco conocido capital semilla. Cada competidor es juzgado por la calidad de sus planes e iniciativas, por lo que incluso para quienes no ganan, el proceso es intrínsecamente valioso. Reciben feedback inmediato y todo lo que hacen para prepararse es útil en el futuro.

A fin de cuentas, me gustaría ver desaparecer a la mayor parte de esta industria, pero la gente ama sus competencias y ama probar que son difíciles de matar. Siendo éste el caso, aquí van algunos proyectos de directrices para mejorar tanto la óptica como el impacto de los concursos:

  1. Todos los premios deben venir con un reconocimiento en efectivo de por lo menos 20 veces el costo de la correspondiente ceremonia/cena de adjudicación, con una prima adicional del 30 por ciento si ésta involucra el uso de ropa formal.

  2. Los participantes deben crear propuestas de primera ronda durante una pausa para el almuerzo y presentarlos en una servilleta.

  3. Todos los jurados deben incluir una mayoría de jueces que hayan al menos intentado hacer el tipo de cosas que están juzgando.

  4. Un adulto comprometido con un plan creíble debe acompañar todas las ideas.

  5. Todas las inteligentes ideas de productos deben venir acompañadas de una igualmente hábil idea para su distribución.

  6. Tiempo en la cárcel obligatorio para el crowdsourcing o crowd-judging.

OK, quizás lo de la servilleta no funcione. También estaría dispuesto a conceder cierta libertad en lo de la vestimenta formal. Tal vez incluso podría dejar pasar lo del tiempo en la cárcel. Pero me quedo con el espíritu y la esencia de ellos, porque por lo menos tenemos que hacerlo mejor. Usted puede proponer sus propias reglas; retroceder si se ve incentivado a hacerlo. Hay excepciones a todo lo que he hablado aquí y probablemente no tengo razón en todo lo que he mencionado, pero la verdad es que no hemos llevado a cabo ninguna mirada profunda a nada y ya es hora de que lo hagamos. Mientras tanto, vamos a lograr mucho más si todos hacemos nuestra tarea, encontrar el mejor material existente y basado en el impacto real que puede generar esto a escala.

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